El romanticismo impregnado en unas sillas de hierro forjado es una antítesis que me apasiona. El contraste de un butacón o unas sillas gemelas con efectos en degradé y aires decadentes vestidas con plumeti abullonado hasta el suelo, telas maravillosas y almohadones de terciopelo, es sencillamente precioso. El efecto de medio óxido y de puertas despintadas, se contrarresta con lámparas de velas, lagrimas de cristal y telas con brocados.
Estas fotografías pertenecen a mis recortes de inspiración. Son uno de mis tesoros más preciados y uno de mis sueños por cumplir: encontrar una butaca igual y tapizarla con una tela interminable.
Hasta el más mínimo detalle está pensado en esta decoración: los flecos años 20 en la parte inferior del sillón orejero, las gaviotas dibujadas en la pared, y el camisón naif colgado de la puerta del armario. En estos ambientes se define perfectamente quién soy y la esencia Patyclau se respira en todos y cada uno de los rincones de estas imágenes.
Image Credits: Revista Habitana
