Todavía recuerdo como si fuese ayer, los domingos en los que mi padre encendía la chimenea en el salón para mantener un ambiente calentito y hogareño. Las chispas de fuego sonaban al mismo tiempo que nuestras conversaciones y, acompañaban las risas de los niños corriendo de un lado a otro. Una forma de calentar que, poco a poco, se deja de usar y se queda anticuada, pero alcanzable a mi recuerdo y al de mis hijos. Adoro las decoraciones que incorporan chimeneas majestuosas proporcionando una elegancia excepcional a los ambientes e incorporando el lujo asegurado.

Inmensos espejos apoyados sobre ellas o cuadros especiales colgados, coronan el protagonismo innato de estos elementos portadores de fuego.

Puedes decidir si hacerla partícipe de un ambiente minimalista...
... o bien recargarla de flores y objetos maravillosos
Lo que si está claro es que, decidas lo que decidas, una chimenea es un valor añadido a toda decoración, ¿No creéis?
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